Cada vez que podemos mirar en dirección a un excluido, estamos sanando la herida de desvalorización.
Los excluidos son todos los que alguna vez han sido apartados, en nuestra conciencia o en nuestro corazón.
Excluidos son aquellos de los que no se habla: los invisibles y silenciados.
Se excluye al diferente, porque no estamos abiertos a los matices que nos ofrece.
Se excluye al que destaca y también al que se esconde.
Se excluye porque al excluir, creemos reafirmar el grupo al que pertenecemos y con ello, nuestra falsa identidad.
Exclusión es pensar que hay buenos y malos. En todas las modalidades. La comparación excluye. Y el juicio también.
Exclusión es acusar, señalar y reírte.
Exclusión es creerte mejor que los demás, más listo o más rápido, más evolucionado o más espiritual. ¿Más o menos? ¿Por qué no de igual a igual?
Excluimos por miedo, por prejuicios, por superioridad.
Excluimos por lealtades ciegas y por falta de personalidad.
Excluimos a los vivos que no viven como se debería de acuerdo a nuestra estrecha forma de pensar.
Excluimos a los muertos, a los que queremos olvidar, como si su impronta ya no importara ahora que no están.
Excluimos tanto que, al excluir a otros, excluimos una parte de nosotros que busca ser validada y solicita atención, cariño y comprensión.
Exclusión es desprotección.
Exclusión ha sido rechazar para protegerme o sobrevivir; pero, con el tiempo, esa coraza aísla y da más miedo que seguridad.
Exclusión es debilidad. Lo que no tengo valor de conciliar se muestra, muchas veces, como síntoma o enfermedad.
Aunque parezca mentira, la exclusión te debilita y te hace ser muy pequeño en un mundo de infinitas posibilidades.
Aunque te suene muy raro, la cura de tus miedos es mirarlos a la cara con firmeza y compasión. De poco sirve apartarlos como si fueran un enemigo a derrotar.
Aunque te parezca anti-natura, la salud viene de atreverte a ser, a sentir y a mirar. La salud o el bienestar no vienen de doparte y entretenerte, para no sentir y olvidar.
Si incluyes, sanas y te fortaleces.
Si en tu vida incluyes la muerte, la vida se vuelve latido a cada instante.
Si en tu vida incluyes el miedo y la ansiedad, tus sentidos se vuelven despiertos, y sabes cuándo sí y cuándo no actuar.
Si incluyes, desde la mirada del corazón, aquello que fue incómodo y difícil, te haces sabio para saber dónde y cómo quieres ser y estar.
La inclusión es de valientes. Requiere intención, acción y voluntad.
Exclusión es lo de siempre: juzgar, opinar y señalar.



Gracias por una explicación tan clara y sencilla.Y qué bien se muestra el camino para ampliar una mirada que nos implica.