HOSTIÓN NARCISISTA
Caídas que curan mientras muere el ego. La humildad de renacer tras fallar estrepitosamente.
A veces, en consulta acude gente que ha escuchado mi podcast sobre narcisismo y se ha quedado con la reflexión sobre el narcisista complementario.
Cuando quien acude a consulta viene con la Humildad suficiente como para mirarse honestamente en el espejo, y con la Responsabilidad suficiente como para tomar las riendas de su proceso, la evolución es muy gratificante.
A veces, les comparo el proceso que están viviendo después de una ruptura narcisista con la pérdida de un hijo. Todas las comparaciones son pobres. Ninguna va a ser acertada, porque cada experiencia es única y personal. Y el sufrimiento no se debe comparar. Pero si me atrevo a hacer esa comparación es porque quién se cae de una relación narcisista vive una muerte, una muerte simbólica, pero muerte al fin y al cabo. Con lo que eso conlleva: un duelo amargo, muchas tomas de conciencia, y un aprender a vivir, sin esa persona tan significativa a tu lado.
Tras una relación narcisista se produce la muerte del Ego y el despertar de la Sombra. Esa es la gran revelación y el gran regalo, de una relación narcisista.
Se cae la máscara del otro, pero también cae tu propio antifaz: el que te habías puesto para ver solo lo que te interesaba y para omitir todo lo que te chirriaba.
Cuando se caen todas esas máscaras, o al menos las que nos pusimos para mantener esa relación forzada que se alimentaba de supuesta admiración y mucha idealización, se produce un despertar bastante violento inicialmente, pero revelador, poderoso y clarividente.
Es una sacudida interna gigante. El hostión narcisista, lo llamo yo. Una caída dramática y traumática. Es como si tu Ego, cargado con todas sus buenas razones y sus fantásticas intenciones, cayera desde un sexto piso. En caída libre. Afortunadamente, en el camino de ese vuelo sin motor y sin alas -que hace tiempo dejaste en desuso en el cajón de los buenos modales- van apareciendo amortiguadores y aliados. Están los tenderetes de la ropa que suavizan tu caída: esas amigas que te arropan. Y está ese toldo, el de la terraza del suelo, que absorbe el impacto de tu desplome: son tus raíces, tu familia, tus allegados, que te sostienen, pase lo que pase.
Finalmente, lo que parecía una muerte segura se queda en un susto del carajo. Y sobrevivirlo es toda una experiencia.
Es muy frecuente escuchar verbalizar a las personas que han vivido una ruptura narcisista, frases como: "me he reencontrado con mi familia", "ahora veo lo bueno de mis padres", "no sabía que mis amigas me querían tanto", "se me había olvidado que yo era tan alegre y vital", "me emociona lo bien que se está portando la gente conmigo", etc.
En ese descenso, desde los cielos del “amor perfecto”, nos vamos reencontrando con los vínculos verdaderos y con la esencia de nuestro propio Ser, la misma que habíamos ido arrinconando.
El hostión narcisista es uno de los mayores despertares de conciencia que podemos vivir. Superada la caída, se abre un mundo de color y posibilidades.
Y la gran pregunta es: ¿Cómo he podido estar yo ahí tanto tiempo?
El hostión es tal hostión porque aunque nos cueste verlo, nosotros también alimentábamos la maquinaria narcisista. El hostión es de ese calibre porque en las relaciones narcisistas hay un juego de poder muy marcado. Duele tanto porque finalmente duele caernos del guindo de las expectativas.Una de las ideaciones nunca mencionadas es creernos superiores a la otra persona, en algún aspecto, normalmente de índole emocional y dar por hecho, que sin nosotros esa persona es menos.
Por tanto, tú que eres menos y me necesitas, no me puedes dejar.
¿Cómo va a prescindir de mí, si yo soy quién provee de comprensión, amor y luz? ¿Cómo va a prescindir de tantos obsequios?
No son tan altruistas las dádivas, ni tan desinteresado el amor. Sin embargo, si ahí estaba, en gran parte, lo que reforzaba ese vínculo, la respuesta es muy fácil.
¿Cómo va a prescindir de todo lo que ego-fantaseo que obtiene gracias a mí? Buscándose otra fuente de halagos, soporte y refuerzo emocional. De ahí que sea tan común que el punto límite en este tipo de relaciones esté muy vinculado a la presencia de terceras personas.
Nuestra psique, que tanto ha hecho para mantener la anhelada unidad, se quiebra. Normalmente, tras varias pruebas de ese estilo. El ego se humilla y la autoestima se resiente profundamente. Es una perdida de auto-confianza tan marcada que ahí empezamos a hacernos las grandes preguntas.
Culpamos a las terceras personas pero en realidad, la traición viene de algo más interno que externo. La verdadera traición es haberme abandonado de mí misma. La auto-traición de no verme y depositar mi reflejo en otros.
La auto-decepción de haber errado creyéndome tan lista y preparada. La decepción de sentir que entregamos toda nuestra energía en la dirección equivocada.
El hostión narcisista es un regalo de confianza muy grande, cuando dejamos de victimizarnos para comenzar a ocuparnos.
✨ Es una cura de humildad enorme conectar con todo eso.
✨ Es un ejercicio de superación bestial decir "basta" y cambiar el rumbo de tu vida: de fuera hacia adentro.
✨ Es una toma de conciencia tan poderosa que la vida no vuelve a ser la misma.
✨ Sobrevivir a ese derrumbamiento del Ego es como para sonreír eternamente: es descubrir que tenemos alas y que, nada ni nadie es responsable de nuestro vuelo, salvo nosotros mismos.
Ahora es el Momento:
🕊️ A quién entrego mis alas y mis sueños.
🌱 En quién deposito mi despegue y mi suelo.
🌻 Desde dónde comparto y me comparto.


